miEn este año olímpico, el gobierno ha hecho de la actividad física una causa nacional importante. Una iniciativa que no es casual cuando sabemos que en Francia el sedentarismo es la causa directa del 9% de las muertes anuales y que su coste social se incrementa, por parte del Ministerio de Transición Ecológica, a 140 mil millones de euros al año. Pero si el interés por la prevención en salud acaba imponiéndose, todo sucede como si, en todos los demás ámbitos, apostáramos todo al enfoque curativo.
Mientras que el 56% de los franceses dicen no poder formarse una idea precisa de lo que es la prevención, el contraste con nuestros vecinos europeos es sorprendente: el 70% de los italianos, el 62% de los alemanes y el 64% de los polacos dicen que representa muy bien lo que se trata (Barómetro 2024 de el Observatorio de Protección IFOP para el grupo Aéma). ¿Cómo explicar esta discrepancia?
En particular a través de nuestro modelo colectivo de protección social, basado en el control estatal de la protección a través de un modelo de redistribución. Esta puesta en común de la protección, que está en el centro de nuestro contrato social y que responde a un imperativo de protección universal, tiene un importante efecto secundario: nos anima a favorecer un enfoque curativo, basado más en la solidaridad colectiva que en la responsabilidad personal. .
Responsabilidad individual
Todavía nos queda un largo camino por recorrer para construir una cultura francesa de prevención. Y nuestras lagunas en este tema no son ajenas a la sensación que tienen cada vez más franceses de no estar suficientemente protegidos contra los peligros. A medida que los riesgos sistémicos se vuelven cada día más amenazantes, desde el envejecimiento hasta la crisis climática, pasando por las enfermedades crónicas, es hora de dirigir colectivamente nuestros esfuerzos hacia su anticipación y prevención.
El futuro del modelo francés de protección social reside en la combinación de un alto nivel de protección colectiva y responsabilidad individual. Los franceses ya no son simples consumidores de productos de seguros, sino ciudadanos comprometidos, actores de su propia protección. Esta responsabilidad comienza con la educación. Porque es mucho más fácil crear buenos hábitos que tener que cambiar los malos.
Para el 27% de los franceses, el primer obstáculo para adoptar una cultura de la prevención es la dificultad que experimentan para cambiar sus hábitos. Sin embargo, esos cambios producen beneficios colaterales inmediatos para cada uno de nosotros –una mayor actividad física regular, por ejemplo– que deben darse a conocer mejor si queremos acelerar el advenimiento de una cultura de prevención.
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