l¿Es probable que el aumento de los coches eléctricos chinos se vea frenado por barreras aduaneras? Tras nueve meses de investigación, Bruselas considera que China está violando las normas de la Organización Mundial del Comercio y por ello ha decidido aplicar «derechos compensatorios» a las importaciones de vehículos fabricados en China de hasta el 48 %, frente al 10 % actual.
Esta decisión responde más a objetivos políticos que económicos. Sin duda ayudará a atenuar las críticas a la supuesta “ingenuidad” europea en materia de libre comercio. Sin embargo, la brecha de competitividad con China no se resolverá mediante una escalada de barreras aduaneras, sino mediante una marcha forzada para recuperar su retraso industrial y tecnológico en este sector. Los impuestos sólo permitirán ganar un poco de tiempo cuando Europa ya se ha quedado muy atrás.
Atribuir la fragilidad de la industria automovilística europea frente a sus rivales chinos a prácticas desleales de subvenciones públicas es tranquilizador pero un poco corto. El mal es mucho más profundo. La situación no tiene precedentes: desde la invención del automóvil, hace más de un siglo, Europa ya no está a la vanguardia de la innovación. Desde principios de los años 2000, China apuesta por la electricidad. En el Viejo Continente, los fabricantes esperaron el escándalo del “dieselgate” para emprender finalmente esta transición.
Despertar doloroso
Más allá de este retraso en el encendido, los europeos hoy están pagando por sus errores estratégicos. Mientras los chinos atacaban el mercado eléctrico centrándose en modelos asequibles para el mayor número de personas, los fabricantes del Viejo Continente apuntaban a la gama alta. En este segmento, los márgenes son altos, pero los volúmenes de ventas son bajos. Resultado: las marcas chinas han acumulado experiencia antes para reducir sus costos, al tiempo que se benefician de economías de escala mucho mayores, un factor determinante en esta industria. Si los europeos se hubieran masificado desde el principio, los dos mercados serían hoy equivalentes en tamaño y lucharían con las mismas armas. Es difícil culpar a los chinos por su elección relevante.
Hoy despertar es doloroso. Recién empiezan a comercializarse los primeros modelos europeos con un precio inferior a los 20.000 euros. Su crecimiento llevará tiempo. Desde este punto de vista, los impuestos sobre los vehículos chinos importados son bienvenidos. Pero es legítimo preguntarse si el papel de la Comisión Europea es corregir los errores estratégicos de los fabricantes. Además, las marcas chinas tienen márgenes considerables para contrarrestar los impuestos europeos: los vehículos que actualmente se exportan a Europa se venden a la mitad de precio en China. La adaptación se hará recortando sus márgenes.
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