Para Ford, la conversión a electricidad tiene algo que ver con un acto de fe. La marca americana, que ya no consigue orientarse en el mercado europeo, es una empresa que no tiene reparos en romper sus amarras con los modelos de motor térmico en Europa, sin haberse asegurado del todo. Después del Mondeo y el C-Max, el Ford Fiesta, el superventas, ha sido sacrificado al pasado y el Focus, otro vehículo popular, dejará de producirse a finales de 2025. Los primeros efectos de esta importante limpieza no tardarán en llegar lugar . pronto se sentirá. Las ventas cayeron un 15% en Europa durante los primeros cuatro meses de este año (hasta 152.500 unidades) y se inició un plan de más de 4.000 recortes de empleo en fábricas alemanas, británicas y españolas.
Para Ford, este es el precio a pagar para centrarse mejor en lo totalmente eléctrico. El fabricante, que no piensa cuestionar su objetivo –sólo venderá turismos con motor eléctrico a partir de 2030, cinco años antes del calendario oficial definido por la Unión Europea, y a partir de 2035 para sus vehículos utilitarios de gama–, apunta a 2026. , para una producción anual de 2 millones de vehículos 100% eléctricos y un margen operativo del 10%. Tras reducir su gama de dieciocho a media docena de modelos, Ford acelera los trabajos de renovación de su catálogo.
Problema: esto inevitablemente llevará tiempo porque el fabricante no tiene una plataforma propia que sirva de base técnica para sus futuros “vatios” a costes competitivos. La marca de Detroit, que produce vehículos utilitarios para Volkswagen, recurrió a la empresa de Wolfsburgo para encontrar una solución de transición. El fabricante alemán le proporciona la plataforma MEB en la que se basan los modelos ID.3 e ID.4. Suficiente para lanzarse finalmente a un mercado donde Ford sólo ofrece el Mustang Mach-E, un coche eléctrico de gran tamaño y con una fuerte personalidad pero poco convencional.
Penalizado por su aislamiento
Así se llama el Explorer, un SUV de 4,46 metros de largo diseñado para Europa que se prepara para su comercialización y del que sus diseñadores esperan distribuir unas 10.000 unidades cada año en Francia. Exteriormente muy diferente de un Volkswagen y diseñado para adoptar un aspecto más “americano” – lo que le sienta bastante bien – porque la marca quiere resaltar aún más sus orígenes y su historia, este modelo cuesta entre 43.900 (sin incluir el bono de 4.000 euros) y En la fábrica de Colonia se produce 57.500 euros. Para ello se han invertido 1.870 millones de euros para desarrollar, entre otras cosas, la robotización.
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