“Es imprescindible romper con un concepto compartimentado de la acción pública”

“Es imprescindible romper con un concepto compartimentado de la acción pública”

lcontrolar la evolución del gasto público, la deuda pública, los déficits públicos e incluso la presión fiscal ha sido un problema durante décadas. Y, a pesar de la creciente sofisticación de las herramientas de gestión, surge una comprensión de la impotencia. Además, se han propuesto las mismas soluciones durante demasiado tiempo. Desde hace más de cuarenta años, las propuestas que se suceden son recurrentes y provienen ya sea de la revisión de sistemas existentes que están perdiendo fuerza, o de discursos ideológicos incansablemente repetidos.

Estas respuestas se relacionan con un mundo que está desapareciendo. Por lo tanto, ahora es crucial poder regular eficazmente el sistema financiero público, inventar un modelo de gobernanza adaptado a una sociedad frágil y en constante evolución.

Sin embargo, tan pronto como sean elegidos o nombrados, los nuevos líderes tendrán que afrontar el gran desafío de sanear las finanzas públicas. En primer lugar, tendrán que gestionarlos, lo que no puede limitarse al presupuesto estatal, como todavía parecen creer muchos de nuestros contemporáneos. Las finanzas públicas son mucho más complejas.

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De hecho, es necesario recordar que estamos en presencia de tres tipos de actores: el Estado, las autoridades locales y la Seguridad Social (cuyo gasto es, con diferencia, el mayor de los tres). Además, estos actores están vinculados a múltiples operadores o “satélites” cuyo modo de gestión es todavía muy imperfecto y muy diferente.

Incluir un cuerpo conjunto permanente

Si miramos de cerca, estamos en presencia de cuatro mil instituciones públicas y privadas afectadas por todas las políticas financieras públicas. Sería un error tratarlos aisladamente, porque forman un todo dentro del cual uno se retroalimenta del otro. El difícil desafío es alinearlos para regular su evolución. Por tanto, es imperativo dejar de considerarlos como elementos independientes entre sí, o incluso antagónicos. Es imprescindible romper con un concepto compartimentado de acción pública.

Por lo tanto, existe una falla en el modelo de gobernanza actual que proviene de la incapacidad de los tomadores de decisiones para comprender el sistema financiero público en su globalización.

La dificultad es que estamos en presencia de un todo compuesto complejo que no sólo es opaco sino que también nos hace dudar de su coherencia y, en consecuencia, de la capacidad de gestionarlo. Sin embargo, esta es la razón por la que, en un momento en el que una estrategia financiera resulta esencial para controlar un déficit y una deuda pública que puede poner en peligro el equilibrio de la sociedad, es fundamental dejar de hacer ajustes presupuestarios y «organizar el intercambio de información y un lugar para para coordinar decisiones.

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