“La tecnología digital y quienes la dominan ejercen ahora una posición dominante, más allá de los Estados”

“La tecnología digital y quienes la dominan ejercen ahora una posición dominante, más allá de los Estados”

lUn fallo informático ocurrido el 19 de julio atestigua nuestra dependencia de la tecnología digital: más de 22.000 vuelos retrasados ​​o cancelados, hospitales desorganizados, interrupciones en la retransmisión de informativos por televisión… las perturbaciones provocadas fueron innumerables.

Sin embargo, las causas se conocieron muy pronto y se corrigieron rápidamente, en menos de una hora y media. No se trata de un ataque informático perpetrado por ciberdelincuentes, sino de una incompatibilidad entre dos programas tras una actualización apresurada de uno de ellos. Sin embargo, esto fue suficiente para desorganizar todo el planeta. Sin duda las lecciones que aprenderemos serán numerosas y el evento pasará a la historia.

De ahora en adelante, tres puntos cruciales merecen atención.

El primero es la fragilidad de las infraestructuras digitales. Un pequeño error de programación es suficiente para provocar incidentes en cascada con efectos catastróficos e impredecibles. Hoy en día ya no es posible demostrar de forma irrefutable la solidez de los sistemas informáticos, dada su complejidad. ¡Por lo tanto no podemos garantizar una protección absoluta!

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Sin embargo, podemos reducir la probabilidad de que se produzcan averías. Para ello se realizan pruebas masivas para detectar anomalías. A veces incluso involucramos a “equipos rojos” responsables de considerar todas las posibilidades para detectar posibles fallas. Pero, repito, es caro y lleva mucho tiempo. Por lo tanto, debemos hacer concesiones debido al vertiginoso número de puntos de vulnerabilidad.

Anticipar lo improbable

A esta fragilidad se suma el riesgo de ataques adversos destinados a desestabilizar empresas, instituciones públicas o incluso ministerios o incluso países enteros, como fue el caso de los ciberataques de 2007 en Estonia. En este sentido, no es insignificante señalar que el origen del incidente masivo del 19 de julio se debió a la actualización de un dispositivo de protección, el sistema CrowdStrike, destinado a ayudar a los responsables de la seguridad informática a identificar comportamientos inusuales responsables de actos maliciosos. .

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En términos más generales, con la tecnología digital las lecciones del pasado ya no son suficientes, aunque sigan siendo esenciales. Debemos anticiparnos a lo improbable y prepararnos para afrontar lo inesperado. Esto requiere un enfoque contrafáctico que no se base únicamente en lo observado en el pasado.

El segundo punto destacable tiene que ver con la magnitud del fenómeno: todos los sectores se ven afectados: viajes, telecomunicaciones, medios de comunicación, hospitales, servicios públicos, empresas, etc. Los presionamos intuitivamente, debemos resolver: ahora vivimos en una sociedad digital que condiciona todas las actividades humanas. No se salva nada. Nuestra dependencia se vuelve total. Así hemos cancelado intervenciones quirúrgicas no urgentes, hemos pospuesto la emisión de informativos televisivos, hemos visto caer las cotizaciones bursátiles, etc.

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