Andar en bicicleta bajo la lluvia en París nunca ha hecho feliz a nadie. Hasta este sábado 27 de julio, cuando un australiano y un belga hicieron cantar sus pedales hasta el bosque de Vincennes, sin parecer molestos por estas caídas que empañan el inicio de los Juegos Olímpicos. No es una cuestión de edad, ya que una, Grace Brown, de 32 años, se jubilará a finales de 2024, y el otro, Remco Evenepoel, de 24, todavía parece un adolescente.
Los dos primeros campeones olímpicos de las pruebas ciclistas de París, sin embargo, tuvieron en común la excelencia de sus trayectorias en los raros lugares complicados de la contrarreloj, beneficiándose de las desgracias de sus oponentes. Varios favoritos observaron más de cerca el asfalto parisino, y ambas pruebas se desarrollaron bajo una lluvia continua.
Aunque ya no es fácil con una bicicleta urbana con neumáticos gruesos, cruzar la plaza de la Bastilla o rodear el castillo de Vincennes bajo la lluvia resulta francamente peligroso en una bicicleta de contrarreloj. Máquinas diseñadas más para conducir rápido en línea recta que para maniobrar en una curva traicionera. También tuvimos que ver a algunos corredores, aunque acostumbrados a la disciplina, afrontar las raras curvas del recorrido con la facilidad de Bambi sobre el hielo. Varios campeones corrieron la misma suerte que el cervatillo.
Adoquines brillantes
Chloé Dygert, favorita en la prueba femenina, cuya carrera estuvo marcada por una caída en un barranco italiano durante el campeonato mundial de 2020, cayó mucho menos bajo, pero aun así cojeó al final de su recorrido. Los adoquines brillantes a la salida del bosque de Vincennes acabaron con sus esperanzas de título: el bronce le servirá de vendaje.
En una aparente entrada (deslizada, necesariamente) comunicada a la dirección departamental de equipamiento de Val-de-Marne, señaló a su llegada “Que en Gran Bretaña estas condiciones serían perfectas, porque es más fácil turnarse (alta velocidad). Mientras que en Francia, España o Italia es más resbaladizo. Pero lo cierto es que hoy cambió completamente el rumbo. »
Filippo Ganna vio su rueda patinar en una franja blanca que delimita un carril bici, siempre complicado bajo la lluvia. Con un gesto acrobático digno de un artista en la ceremonia de inauguración, evitó un choque contra las barreras, pero dejó escapar unos segundos. “Si lo hago cien veces, me caigo ciento veinte veces”, formuló el director técnico italiano, Marco Velo, que fue un excelente ciclista pero también un corredor de altísimo nivel. Felicitado por el presidente italiano Sergio Mattarella, Ganna terminó en plata y, al final del evento, dijo que prefería el agua. “lavar o beber”.
El coloso italiano, al que Remco Evenepoel devolvió un buen doble decímetro, fue esencialmente más cuidadoso en las curvas. Sin embargo, cuanto más lento salga el ciclista de la curva, más tiempo tardará en recuperar la velocidad máxima. Como señala Marco Velo, “Teniendo en cuenta el peso de Pippo Ganna, con ruedas mojadas, es más como arrancar un camión que un coche. Así que le quita mucha más energía”.
En este contexto húmedo, los británicos jugaban casi en casa. Anna Henderson dio la sorpresa al llevarse la medalla de plata. Su compatriota Joshua Tarling seguramente habría ganado el mismo metal sin sufrir un pinchazo. Tendrá que conformarse con el cuarto puesto. Quienes no creen en el azar no se sorprenderán de que el neumático se pinchara al pasar delante de un restaurante de la avenida Daumesnil llamado Le Marabout d’Afrik.

