“La Ley de IA no conduce en modo alguno a la revolución en movimiento de la inteligencia artificial”

METROmedicina, industria, investigación, ciencia, comercio, educación, servicios, cultura, deporte, ocio… la inteligencia artificial (IA) está preparada para cambiar profundamente casi todos los aspectos de nuestras vidas. Ante este inmenso desafío tecnológico del siglo, corresponde a los políticos proporcionar a la comunidad un marco legislativo seguro que tranquilice a los ciudadanos y anime a los empresarios.

Europa no esperó a que la IA se convirtiera en un palabra pegadiza para agarrarlo. Llevamos cinco años trabajando en esto con el mundo académico, científico y empresarial, con ONG, Estados miembros, parlamentarios europeos… Durante años, hemos formado a los mejores ingenieros. Hemos reclutado talentos científicos para desarrollar nuevos lenguajes de IA. Contamos con una serie de emprendedores y empresas emergentes innovadoras lanzadas a la carrera global.

Ahora también nos beneficiamos de la mayor potencia informática del mundo (con la empresa conjunta EuroHPC) puesta a disposición del mundo académico y de las empresas emergentes, y esto es un activo primordial para el surgimiento de un ecosistema de IA europeo. Por último, pero no menos importanteahora contamos con una legislación pionera, la IA Act, que tiene como objetivo definir y establecer las líneas generales de una gestión proporcionada del riesgo.

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Gracias a esta normativa completamente nueva y sin precedentes, Europa es el primer continente en adoptar un corpus jurídico y técnico que concilia lo mejor de ambos mundos. Pongamos fin a una especie de leyenda urbana: no, la Ley de IA no conduce en modo alguno a la revolución en curso de la inteligencia artificial. Al contrario, crea un entorno propicio para su desarrollo. Y es, al mismo tiempo, garante de la seguridad esencial de nuestros conciudadanos ante la llegada de la IA. Éste era el deseo de los Estados miembros y del Parlamento Europeo, tras el último diálogo tripartito, que finalizó el 8 de diciembre.

Calificación social prohibida

Al adoptar un enfoque proporcionado en función de la naturaleza de los riesgos, el reglamento define el marco de confianza necesario para el uso de la IA en Europa. Para la gran mayoría de las aplicaciones, las medidas se pueden resumir en una palabra: transparencia.

Las aplicaciones que impliquen riesgos para nuestros derechos fundamentales, por ejemplo en el empleo o la educación, deberán obtener una certificación europea antes de ser comercializadas. El objetivo apunta a garantizar la confiabilidad del sistema de IA cumpliendo con los requisitos de seguridad, control humano y gobernanza de datos. Otras aplicaciones, como calificación social (calificación social), simplemente estarán prohibidas, porque son contrarias a nuestros valores.

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