ly la política tiene a menudo el delito de abordar temas que no comprende, con el corolario de un delito en relación con la veracidad y la música que pone en duda entre los electores la probidad de nuestros elegidos. Este mecanismo es tanto más cierto cuanto que lo siguen editorialistas de todo tipo que repiten a todo pulmón las palabras de políticos o comunicadores con una agenda ideológica.
Así ha sido durante décadas en un tema específico: el aumento de los salarios mínimos. Con, por un lado, los empresarios reteniendo los cuatro hierros y, por el otro, los trabajadores. Intentaremos sacar a relucir este diagrama que es en parte cierto, pero al que hay que añadir matices. Yo soy parte de esta casta que se llama empresarios, y concretamente soy gerente comercial de una PYME en provincias. En Francia, según el INSEE más de 150.000 pymes, que emplean a más de 4 millones de personas; si sumamos las VSEs, estamos hablando de la mitad de los empleados de nuestro país.
Permítanme contarles los misterios de estas VSE-PYME, que no escuchamos lo suficiente, lejos del cliché de las “grandes empresas” o de los funcionarios electos que recitan su mantra “proempresarial”.
El corazón de nuestras PYME son los empleados, cuyas pequeñas estructuras, según el INSEE, La plantilla media en Francia es de 27 empleados. (y el 54% de los cuales tiene menos de 20 empleados), personas multitarea, muy implicadas en su empresa, a menudo con un sentimiento de pertenencia más pronunciado que en grupos grandes.
Una vida profesional digna
En comparación con los salarios pagados, la energía y el compromiso desplegados les perjudican objetivamente. Sobre todo porque las PYME no quedan al margen del deterioro generalizado de las condiciones laborales que estamos viviendo en Francia. Prestaciones más bajas (bonificaciones, decimotercer mes, etc.), herramientas de trabajo envejecidas, poder de decisión muy centralizado, trabajo nocturno, flexibilidad extraterritorial, poca representación sindical (en particular, consecuencia de las órdenes de Macron de 2017), precariedad de los empleos. Las bajas laborales han aumentado un 30% en diez añosEl ausentismo sigue la misma tendencia. En nuestras pequeñas estructuras, un empleado ausente puede poner en dificultades a todo el edificio.
Acabemos con todas las tonterías: sí, subir el salario mínimo a 1.600 euros es una buena medida. No, nuestras empresas no cerrarán. En 2019, la tasa de margen para todas las empresas fue del 27,1% según el INSEE ; en 2023 según BNP Paribas alcanzaría el 32,9%. Las empresas están mejorando de media su rentabilidad, fortaleciendo su capacidad financiera, gracias en particular a la eliminación gradual de la contribución al valor añadido empresarial (CVAE) y al aumento de los precios. En cuanto a las empresas más frágiles, serán necesarias medidas de apoyo y establecer un calendario claro para un aumento gradual del salario mínimo.
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