“El único criterio imprescindible para garantizar el futuro de nuestra agricultura es la calidad de vida de nuestros suelos”

“El único criterio imprescindible para garantizar el futuro de nuestra agricultura es la calidad de vida de nuestros suelos”

SSi todas las observaciones que llevaron a la redacción de la Ley de Orientación Agrícola (LOA), adoptada en primera lectura en la Asamblea Nacional en mayo, son admisibles y representativas de las dificultades de los agricultores, las propuestas formuladas por esta ley tendrán ciertamente efectos positivos en el a corto plazo, pero provocarán el colapso de nuestra agricultura a medio y largo plazo.

De hecho, la realidad agronómica es inevitable y no tiene en cuenta los ingresos de los agricultores ni sus dificultades. O toda la vida en la Tierra depende del ciclo del carbono, que depende de la fotosíntesis. Se trata de una forma de captar energía solar no contaminante y sostenible, y una realidad agronómica que hay que preservar.

Si hoy en día permitir que los jóvenes agricultores se instalen más fácilmente, como exige la ley mediante la creación de una ventanilla única para su instalación, es esencial para nuestro futuro, enviarlos al fracaso es una irresponsabilidad. Nuestros suelos, en sesenta años, han perdido el 80% de su materia orgánica y entre el 70% y el 90% (para suelos de viñedo) de su población bacteriana y fúngica. Su solución se ha profundizado irremediablemente.

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Instalar a los jóvenes en terrenos que no funcionan, en un sistema fijo y cada vez más integrado en la cadena de distribución es un error y hacerlo a sabiendas es una vergüenza. Exigimos que los agricultores nos alimenten (es decir, que su “sistema de suelo” nos alimente), pero para eso, tal como están las cosas, tienen que trabajar mucho, algunos de ellos casi setenta horas por semana, y sufrir los efectos del hambre. cambio climático.

“Recarbonizar” el suelo

Las condiciones para una instalación exitosa y duradera son conocidas: hay que “recarbonatar” el suelo de forma masiva, y la única manera de conseguirlo es establecer una potente y variada cobertura vegetal a base de leguminosas. Para ello son necesarios de tres a cuatro años de cobertura sin cosecha. Esto representa un coste importante que el agricultor no puede financiar por sí solo.

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Al mismo tiempo, es necesario reactivar la vida microbiana en el suelo mediante la introducción de bacterias (algunas a menudo permanecen en el suelo y su recolonización puede ser rápida). En el caso de las setas, la cosa es más complicada y el papel de los árboles es fundamental en este proceso: por tanto, es necesario replantar setos y arboledas.

¡Pero el agricultor también debe compartir su producción con la tierra! El suelo (el sistema que nos nutre) funciona gracias a su flora, fauna y setas. Estos seres que muchas veces no vemos representan el 80% de la biodiversidad y la biomasa terrestre. El suelo puede contener hasta diez toneladas de seres vivos por hectárea (¡excepto en nuestras tierras agrícolas agotadas!). Estos seres vivos deben alimentarse: debemos, por tanto, compartir con ellos los frutos de la fotosíntesis de las plantas, es decir, parte de nuestras cosechas, no las más nobles, sino la paja y otros residuos de los que no tenemos qué hacer.

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