lEl acuerdo Mercosur es el llamado acuerdo comercial de “nueva generación” que incluye disposiciones ambientales destinadas a contrarrestar los efectos nocivos de la liberalización comercial. EL informe presentado al gobierno en 2020 destacó la debilidad de estas disposiciones. Las mejoras propuestas en esta ocasión siguen siendo totalmente pertinentes en la actualidad.
En el plano medioambiental, el acuerdo del Mercosur impone cláusulas no vinculantes. Recuerda los compromisos asumidos por los países firmantes en tratados internacionales (como el Acuerdo de París de 2015). Establece foros de diálogo sobre diversos temas como bienestar animal, biotecnologías, biorresistencia y desarrollo sostenible.
Marcar con una plancha caliente
En el plano comercial, el acuerdo prevé una reducción gradual de los derechos de aduana sobre las cuotas de importación de productos agrícolas. Esta reducción expone a los agricultores al riesgo de una caída de los precios. La Comisión Europea ha creado un fondo de compensación se supone que debe asegurar a los productores contra este riesgo. Pero esta medida no resuelve dos puntos que cristalizan las oposiciones.
El primero está vinculado a distorsiones de la competencia debidas a normas medioambientales y sanitarias. Son más restrictivos de este lado del Atlántico. Casi un tercio de los productos fitosanitarios utilizados en Brasil están prohibidos en la Unión Europea (UE). países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, bolivia) no impone normas de bienestar animal en el transporte y la cría.
Por ejemplo, allí todavía se utiliza el hierro candente. Los antibióticos que promueven el crecimiento están autorizados en Brasil pero prohibidos en Europa. La trazabilidad imperfecta del ganado en Brasil dificulta la aplicación de esta prohibición a la carne importada a Europa. Si bien la UE impone normas cada vez más restrictivas a los agricultores, la apertura al comercio con Mercosur parece injusta. También expone a los consumidores a riesgos acumulados para la salud.
Frente a esta observación, el informe recomienda en particular el establecimiento de una trazabilidad del ganado destinado al mercado europeo desde el nacimiento hasta el matadero, como ya existe en Uruguay y la Unión Europea. Pero también el refuerzo de la cooperación en materia de controles sanitarios y el hecho de favorecer en los contingentes arancelarios los productos que respeten especificaciones medioambientales más estrictas.
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