“El trabajo por cuenta propia conlleva una filosofía de abandono del empleo”

“El trabajo por cuenta propia conlleva una filosofía de abandono del empleo”

Sarah Abdelnour, profesora de sociología en la Universidad París-Dauphine e investigadora del Instituto de Investigación Interdisciplinar en Ciencias Sociales, es la autora de Yo, pequeña empresa. Los autónomos, de la utopía a la realidad (PUF, 2017).

¿Cómo se explica el éxito del estatus de autónomo?

Sobre todo, respondió a la necesidad de las empresas de subcontratar parte de su fuerza laboral. Las plataformas digitales como Uber pudieron surgir en Francia porque pudieron pedir a sus trabajadores que trabajaran por cuenta propia. La mayoría de las personas que conocí buscaban principalmente trabajo, no construir una clientela como los autónomos tradicionales.

Ya existían estatutos similares, pero esto marcó una nueva etapa de simplificación administrativa acompañada de apoyo político y campañas de comunicación que facilitaron una fuerte difusión.

Entre ellos, el 56% disfruta de otro estatus al mismo tiempo. ¿Esta cifra ilustra la flexibilidad de este régimen?

El sistema siempre se ha presentado como una especie de “navaja suiza”, al servicio del poder adquisitivo: o te invitan a inscribirte para salir de la asistencia social, o puedes combinarlo con un trabajo asalariado o funcionario. En todos los casos, su situación económica está degradada, lo que genera mayor preocupación entre los autónomos principalmente. La mayoría de ellos tiene una red de seguridad en el ámbito privado para iniciar su actividad, como un asalariado, porque con este estatus ya no tienen desempleo, ni permisos, ni perspectivas de jubilación bajas.

¿Cuáles fueron las primeras profesiones que recurrieron masivamente a trabajadores autónomos? ¿Fue esto favorable al empleo?

Todavía está fragmentado: con profesiones en el comercio, en la construcción… pero principalmente en los servicios a particulares. Con una bipolaridad entre actividades que muestran un perfil cualificado (finanzas, inmobiliaria, servicios a empresas), y otras con un bajo nivel de reconocimiento, como la salud y la acción social, la limpieza y la restauración.

Es difícil aislar la creación de empleo de la creación de riqueza y su distribución. Si las empresas contratan personas en régimen de autónomos, sin cotizaciones y sin protección, esto puede desinflar temporalmente las cifras de paro, pero estamos ante un resultado negativo a largo plazo. Y esto está secando las arcas de la Seguridad Social. El sistema conlleva una filosofía de salida del empleo, donde casi nadie aporta. Dejar el salario supone también dejar un modelo social.

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