Como su hermano Alexis la víspera, Félix Lebrun rompió a llorar, el viernes 2 de agosto, tras su dura derrota por 4-0 (11-8, 11-6, 11-7, 11-5) ante el chino Fan Zhendong en semifinales. -finales del torneo olímpico. Postrado en una silla, como si lo hubieran arrinconado, el número uno francés no podía evitar el llanto de sus ojos infantiles, él que no alcanzará la mayoría de edad hasta septiembre.
Los ojos, foco de la actividad lagrimal, son sin duda el arma más formidable de Félix Lebrun. Ventaja que su explosivo revés. Visión central, visión periférica, agudeza: su retina de lince será muy valiosa para él, el domingo 4 de agosto, en el partido que le enfrentará al brasileño Hugo Calderano por la medalla de bronce.
Todo jugador de tenis de mesa de alto nivel lo sabe: sin una vista aguda, no tiene sentido dar una respuesta precisa. El tamaño pequeño de la pelota (4 cm de diámetro), la velocidad a la que sale de la raqueta en ataque (100 km/h), la anchura de la mesa (152,5 cm) exigen un despliegue de neurorreflejos más desarrollados. que en el común de los mortales. Detrás de sus gafas de estudiante de secundaria estudioso (que se esfuerza por ser gracias a los cursos por correspondencia), Félix Lebrun encarna el arquetipo del jugador del mañana, tan fuerte técnicamente como rápido visualmente.
ultrarrápido
Sus monturas, como tales, no le sirven de ayuda ni le suponen ninguna molestia. Destinados a corregir el nistagmo (movimiento involuntario de los ojos) observado en la infancia, nunca salen de la punta de la nariz: “Como los perdía con regularidad, mis padres me obligaron a conservarlos permanentemente”. le explicó a Mundofinales de 2023.
Ya desde muy joven, el prodigio manifestaba grandes cualidades propioceptivas, independientemente de su visión. “A los 3 años ya podía hacer malabarismos con su raqueta. (Continúa los rebotes en este, sostenido horizontalmente) o hacer intercambios consigo mismo dando golpecitos en una pared, algo que muy pocos niños de esta edad saben hacer”recuerda su preparador físico, Jérémy Surault.
Este último, entonces estudiante de máster, colaboraba en el club de Montpellier, donde los dos chicos siempre estuvieron en la piel de su padre, un ex jugador profesional que se convirtió en entrenador. De esta época datan sus primeros ejercicios de percepción visual.
“Un entrenador tenderá a centrarse en las cualidades atléticas de un deportista buscando hacerlo correr más rápido, desarrollar su musculatura y su explosividad o su capacidad de repetir ejercicios, explica Jérémy Surault. Sin embargo, en muchos deportes hay un componente que se trabaja muy poco: el momento que separa un estímulo sensorial –en este caso, la salida de la pelota, del oponente– y la respuesta que se da –su raqueta de tiro propia. »
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