Profesor de la Escuela de Minas de París, Olivier Lluansi fue asesor de industria y energía de François Hollande en el Elíseo. En noviembre de 2023, el Ministerio de Economía le encargó una misión sobre la reindustrialización de Francia de aquí a 2035. Su informe, presentado a finales de abril, finalmente no se hará público. En cuestión, la agenda política trastocada por las elecciones europeas y legislativas. Pero, según él, ésta no es la única razón. Informe del hilo “no tuve tiempo de complacer”lo explica en el libro Reindustrializarse. El desafío de una generación (Divisiones, 322 páginas, 23 euros) extraído de su misión, que acaba de publicarse. Pone en duda el objetivo del gobierno de alcanzar el 15% del producto interno bruto (PIB) para la industria en 2035: “Ni realista ni bien fundamentado”juzga –y considera que la actual política de reindustrialización favorece demasiado las tecnologías disruptivas y las gigafábricas, en detrimento de “potencial oculto de los territorios” y el tejido industrial ya existente en el país.
Los Estados Generales de Industria datan de 2009, el informe galés sobre la competitividad industrial de 2012. Sin embargo, desde hace casi quince años, la participación de la industria en el PIB francés se ha estancado en torno al 10%. ¿Cómo lo explicas?
Francia no siempre ha tenido la tabla de lectura adecuada. Detuvimos nuestras políticas industriales a partir de 1975, después de la crisis del petróleo, para cambiar a un modelo económico que favorece los servicios. Seguimos después de los años 90, cuando en Europa Alemania apostaba por la industria como motor de su reunificación. En 2009, cuando por fin empezamos a hablar de nuevo en Francia de industria, de resurgimiento de modelos de hace treinta años, que ya no estaban adaptados a la globalización de la economía.
Un ejemplo: hemos puesto mucho énfasis en la creación de sectores industriales, pero hoy en día muy pocos productos complejos se fabrican íntegramente en Francia. Por fin empezamos a comprender que debemos reequilibrar esta política con la de los territorios, que desempeñan un papel decisivo. Dos niveles de reindustrialización deberían partir de la base, del tejido industrial existente, centrándose, hasta ahora, en las exportaciones, las inversiones extranjeras y la disrupción tecnológica. Al país le tomó diez años al sistema administrativo y político comprender cuál era el nuevo panorama industrial.
¿Por qué considera poco realista el objetivo del Gobierno de llevar la industria al 15% del PIB en 2035?
Te queda el 64,61% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.
