“Un marco europeo para empresas responsables y comprometidas con la transición ecológica”

“Un marco europeo para empresas responsables y comprometidas con la transición ecológica”

lHay dos informes sobre el futuro y la competitividad de la Unión Europea (UE) presentados recientemente a la Comisión por Enrico Letta y luego Mario Draghi, que convergen en un punto: la UE adolece de su complejidad administrativa y se beneficiaría de una homogeneización de las reglas de gobernanza que determina la gestión de las empresas en Europa.

Aquí proponemos un marco de gobernanza común, que permitirá un estatus corporativo reconocido en todos los países miembros. Este estatus se basaría en una hibridación de los logros de los países de la UE en términos de gobernanza responsable y asociación de las partes involucradas.

Para los países latinoamericanos, este estatus seguiría el modelo de la “sociedad de misión” creada en Francia por la ley Pacte. (Plan de acción para el crecimiento y transformación empresarial) de 2019, prefigurada en 2015 por Societa Benefit en Italia, retomada en España en 2022 por la Sociedad de Beneficio de Interes común.

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De los países del bloque germánico y del norte de Europa, retomaría el modelo de codeterminación: en dieciocho de los veintisiete países miembros de la UE, la legislación exige la presencia de directores asalariados en los órganos de gobierno (30% en general). ), catorce de los cuales se refieren a empresas privadas y no sólo a empresas públicas.

Desde el derecho comunitario europeo incorporaría las aportaciones de los comités de empresa europeos y la Directiva sobre la Memoria Corporativa de Sostenibilidad (CSRD).

Una palanca de transformación y diferenciación estratégica

Tal estatus situaría las normas europeas en el centro de la gobernanza de las empresas de la Unión: economía social de mercado, participación de los trabajadores, diálogo social, escucha de las partes interesadas, consideración de la cadena de valor, rendición de cuentas, rendimiento general y doble materialidad. Estas singularidades del modelo de desarrollo europeo ofrecerían a las empresas de la UE una palanca de transformación y diferenciación estratégica, una vez incorporadas a su funcionamiento.

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Su primer activo sería combinar la legitimidad externa, frente a la sociedad, y la legitimidad interna, frente a los empleados: este marco de gobernanza combinaría de hecho el valor de interés general de los proyectos de la empresa (sociedad en misión, o sociedad en misión). empresa motivada) con reconocimiento del valor eminente del trabajo que aporta la codeterminación, a través de la presencia de los empleados en el consejo de administración o en el consejo de supervisión, donde se desarrollan las orientaciones estratégicas.

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