lLas finanzas públicas no son una ciencia exacta, pero tampoco una ciencia oculta. Los fenómenos inexplicables son raros. Sin embargo, esto es lo que ocurrió a finales de 2023, cuando los equipos de Bercy tuvieron que decidir revelar la existencia de un agujero de 21 mil millones de euros en el fondo. Impuestos que no llegaron como deberían haberlo hecho. O, al menos, como lo habían planeado.
Un cambio previsto de 21.000 millones de euros no tiene precedentes fuera de un período de crisis. Eso es aproximadamente lo mismo que el ejecutivo se ve obligado a ahorrar este año. Esta brecha explica el deslizamiento del déficit público en 2023 hasta el 5,5% del PIB frente al 4,9% previsto, provocando una tormenta política a pocos meses de las elecciones europeas y alimentando un peligroso juicio de incompetencia.
El ministro de Economía, Bruno Le Maire, prometió investigar y atribuyó la desaceleración de la inflación – que pesa sobre los ingresos del IVA y las cotizaciones a la seguridad social – y de los bancos – que habrían pagado menos impuestos de sociedades -, de las empresas energéticas – que no gravó tanto como se esperaba –, su regulador – que había estimado incorrectamente cuáles serían sus “superbeneficios” –, la crisis inmobiliaria –que penalizó los impuestos a las transferencias…
Política de procrastinación
Para las oposiciones, se entiende: el Gobierno hizo caso omiso de las advertencias de sus propios servicios y de expertos como el Consejo Superior de las Finanzas Públicas, que estimaron, por ejemplo, que la situación del mercado inmobiliario tendría un impacto en las finanzas públicas fueron superiores a lo previsto por el gobierno. Puede ser. En los últimos años, los mismos han criticado al Departamento del Tesoro de Bercy por subestimar deliberadamente sus previsiones de ingresos fiscales, tanto para crear buenas sorpresas a posteriori como para dejar la posibilidad de financiar discretamente nuevos gastos durante el año, sin aumentar el déficit. No actúes.
El Tesoro construyó sus previsiones de ingresos para 2023 a partir de las registradas en 2022 y 2021, corrigiéndolas ligeramente. El problema es que estos dos años han demostrado ser excepcionales, combinando un rebote muy fuerte de la actividad (crecimiento del 6,4% en 2021 y del 2,5% en 2022) y una inflación anormalmente alta, muy propicia para los ingresos fiscales. Mala suerte, 2023 resultó ser más lento. La poderosa dirección de Bercy es hoy acusada de haber sido demasiado optimista. Sin duda, se añadió un poco de dilación política.
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