Benoît Magimel, Valérie Donzelli, André Dussollier, Nicole García y Swann Arlaud se encuentran entre los siete mil artistas que firmaron, el lunes 13 de mayo, una plataforma cuyo objetivo es exigir “remuneración justa” desde plataformas de streaming. “Desde hace tres años la ley existe, pero no se aplica” derechos conexos (concedidos a artistas que no son autores directos de la obra), protestan en este texto por iniciativa de Adami, la entidad de gestión colectiva de los derechos de propiedad intelectual de los artistas-intérprete.
En efecto, la directiva europea del 15 de abril de 2019 relativa a los derechos de autor y a la remuneración de los artistas escénicos establece un marco para la remuneración de los artistas cuyas obras se difunden en plataformas de streaming, como Netflix, Prime Video, Disney+, Apple TV… En Francia, una orden de transposición de esta directiva, de 12 de mayo de 2021, deja en manos de los representantes sindicales de los artistas escénicos, de los productores y de los directores de plataformas llegar a un acuerdo.
Remuneración a precio fijo
“Todas nuestras cartas para que vinieran a negociar han quedado letra muerta”, A lamentó Anne Bouvier, presidenta de Adami, tras una reunión en el Ministerio de Cultura. Espera encontrar allí un oído atento para instar a las plataformas a participar en un debate tripartito. Y MA mí Bouvier recordó que ya se han rubricado acuerdos en España, Italia, Suiza, Alemania y Bélgica.
Los firmantes del foro quieren pasar de una remuneración fija –que no tiene en cuenta el número de visualizaciones y temporadas, la disponibilidad de visionado o el número de streams obtenidos– a una remuneración proporcional al éxito del trabajo en el que participan. colaborar.
Hoy en día, la tarifa básica mínima por un día de rodaje de un programa dramático está fijada en 293 euros, según el convenio colectivo, y en 412 euros en el cine. La remuneración de las estrellas, negociada por sus agentes, va, por supuesto, mucho más allá. Los actores que se benefician del estatus intermitente exigen un “bono de éxito”. Quieren así seguir el ejemplo de otras organizaciones de gestión de derechos de autor (Sacem, SACD, SCAM, etc.), cuyos acuerdos ya firmados con las plataformas son muy interesantes para los artistas.
