“Cuando Miren (Arzalluz, director del Palacio Galliera) Me ofrecieron exhibir mi trabajo en el museo, pensé que tendría derecho a una vitrina en el sótano”. recuerda Stephen Jones. La modestia de esta sombrerera inglesa de 67 años está en su haber, pero la realidad es muy diferente: del 19 de octubre de 2024 al 16 de marzo de 2025, el Palacio Galliera, Museo de la Moda de la ciudad de París, dedica una gran completo que se despliega en sus majestuosos espacios de la planta baja.
“Queríamos abordar la obra de Stephen Jones temáticamente, pero también geográficamente, como un viaje iniciático que comienza en el norte de Inglaterra, donde creció, pasa por Londres, donde se formó, hasta su llegada a París en los años 1980″, explica la comisaria científica Marie-Laure Gutton, que también quiso subrayar su vínculo con la capital francesa.
¿Una agenda ocupada? Sin duda. Es raro que los tocados sean objeto de exposiciones separadas, y quizás el Palacio Galliera haya querido completar esta singularidad imaginando una historia abundante. Inicialmente, el curso se centra en sombreros desconectados de las siluetas, la mayoría fabricados por Stephen Jones para su propia marca. Es la fiesta más divertida, en la que nos encontramos con gorros de punto que reproducen un desayuno inglés (salchichas y huevos fritos incluidos), una diadema erizada de patas de Barbie, una corona real que es suave porque está hecha de fieltro… Todo iluminado con una bola de discoteca y una banda sonora elegida por Stephen Jones, que da protagonismo a los músicos que conoció en su juventud en Londres, como Spandau Ballet o Culture Club.
Con forma de Minitel o de pene gigante
Cuando la sombrerera aterriza en París, el tema se vuelve más serio y la exposición acentúa el rasgo al poner en diálogo los sombreros de Stephen Jones con los de modistos de renombre. Una magnífica campana turquesa de Jeanne Lanvin que data de 1927, toda con plumas metálicas de mirlo, se enfrenta a un fieltro Jones cubierto de plumas de pavo real de finales de los años 1990. Durante su prolífica carrera, el sombrerero se divertía imaginando sombreros inspirados en Chanel, Schiaparelli, Dior…. El contraste entre el clasicismo de la herencia francesa y la fantasía de los británicos te hace sonreír.
Lúdica y poco convencional, esta primera secuencia tiene el potencial de atraer a un público poco interesado por la moda, e incluso de atraer a los niños, en quienes el museo ha pensado instalando carteles especiales. La segunda parte de la exposición, que muestra el trabajo de Jones para modistos, ofrece siluetas completas y se acerca más a lo que se suele encontrar en los museos de moda.
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