Frente a los inversores, la demografía difícilmente se beneficia si se la presenta como una potencial bomba de tiempo. Incluso cuando galopa. “Tenemos la juventud más numerosa y dinámica de África”elogió al presidente de Nigeria, Bola Tinubu, en Berlín a finales de 2023, ante un público de empresas reunidas para explorar las oportunidades de este país de unos 220 millones de habitantes. “Un mercado gigantesco”argumentó el líder.
Rico en promesas para algunos, excesivo para otros, el crecimiento demográfico de Nigeria es ciertamente vertiginoso. Cada año nacen en Nigeria entre 5 y 6 millones de bebés, más que en toda la Unión Europea (UE). Sa population a déjà été multipliée par cinq depuis son indépendance, en 1960. Et d’ici au milieu du siècle, il devrait détrôner les Etats-Unis pour s’imposer comme le troisième pays le plus peuplé au monde, derrière l’Inde et China.
La trayectoria del gigante de África occidental refleja hasta el punto de la hipérbole los cambios demográficos en curso, en el continente y más allá. Mientras que la tasa de natalidad se desploma en los países ricos, nada parecido ocurre al sur del Sahara. La tasa de fertilidad (4,6 hijos por mujer en 2021) duplica la media mundial (2,26).
Según un estudio publicado a finales de marzo en La lanceta, la región debería representar más de la mitad de los nacidos vivos hacia finales de siglo, en comparación con poco más de una cuarta parte en la actualidad. En 2050, uno de cada cuatro seres humanos será africano e incluso uno de cada tres entre los jóvenes de 15 a 24 años, según Naciones Unidas. Un crecimiento demográfico sin precedentes, a punto de perturbar el destino del continente.
“Este factor demográfico ya aparece detrás de casi todos los grandes problemas del momento, desde la congestión de las ciudades hasta las dificultades en el suministro de electricidad y la migración”señala el demógrafo camerunés Perfect Eloundou-Enyegue, profesor de sociología del desarrollo en la Universidad de Cornell, Estados Unidos.
Durante los años en que el fuerte crecimiento (5% en promedio en el África subsahariana entre 2004 y 2014) alimentó los discursos afrooptimistas, la juventud era percibida como uno de los activos más bellos del continente. Gracias a ello surgiría una nueva clase de consumidores, muy esperada por las grandes multinacionales. Desgraciadamente, las repetidas crisis (shock contra el petróleo, pandemia de Covid-19, guerra en Ucrania, etc.), combinadas con las dificultades crónicas de los pesos pesados de la región (Nigeria, Sudáfrica, Angola), han cambiado el paradigma.
Te queda el 77,69% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.

