La joven heredera, la “madrastra” y los millones ruinosos

La joven heredera, la “madrastra” y los millones ruinosos

Ubicado en las afueras del centro de la ciudad de Colmar, el restaurante turco Sahmeran es famoso por sus carnes de primera calidad y su cálido servicio. Esta tarde de septiembre, Cléophée Herrmann, de 34 años, toma el mando y lleva mezze y carnes a la parrilla a los turistas entumecidos de tanto pasear por los canales de la “pequeña Venecia” alsaciana. Viéndola trotar con ropa de trabajo negra, cuesta adivinar que es la última heredera de una de las dinastías industriales más poderosas y controvertidas de la región, y que era cabeza de una fortuna de más de 11 millones de euros. “Lo tenía todo, hoy no tengo nada”, – resumió bajando la mirada.

Cléophée Herrmann cuenta su vida trabajando en horarios irregulares, su magro salario que utiliza para comprar sofás y pequeños maceteros para su hijo de 2 años, al que cría con su pareja: “Llevo una vida normal, la vida de todos los franceses”ella respira con un dejo de resignación. De rasgos angulosos, tez pálida, piercing blanco bajo el labio y tatuajes en los sujetadores y en el escote, habla con calma y lucidez. Pero cuando ella Vuelve sobre esta extraordinaria estafa por la que presentó una denuncia el 26 de octubre de 2017, le tiembla la barbilla de indignación. Una “suegra” manipuladora, Josiane Seiler, una dudosa pareja de “clarividentes” y “morabitos”, y varios millones de euros desaparecieron en el contexto de una saga familiar e industrial…

Fueron necesarios seis años de investigación para que la policía de Estrasburgo desentrañara los hilos de este increíble asunto empresarial. Y para que Cléophée Herrmann consiga finalmente “su” juicio por “abuso de debilidad” que se celebró en Colmar el 27 de junio y, por cierto, el jueves 17 de octubre, durante la sentencia de Josiane Seiler y sus hijas. Ella resume el problema a su manera: “Josiane y sus hijas me mataron, me arruinaron mentalmente, me quitaron todo…”

Paternalismo autoritario

Se llama Cléophée Herrmann, en honor a su padre, pero para todos aquí ella es ante todo la “pequeña Schlumpf”, nieta del industrial Fritz Schlumpf. Un nombre famoso en la región y hoy asociado al Museo Nacional del Automóvil de Mulhouse y a sus doscientos mil visitantes anuales, pero que durante mucho tiempo ha suscitado más ira que admiración. En fotografías familiares de principios de los años 90 se ve a Fritz Schlumpf posando en silla de ruedas junto a su nieta, con sus patillas blancas que le dan el aspecto de un chambelán austriaco. Cléophée Herrmann tardaría varios años en conocer los detalles de su historia, compuesta de éxitos y fracasos.

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